"El que renuncia al mundo para servir a Dios acaba sirviendo al mundo mejor que nadie."
El 21 de marzo la Iglesia recuerda a una galería de santos que tienen poco en común en apariencia: un anacoreta egipcio del que apenas se sabe el nombre, mártires anónimos de Alejandría, un abad irlandés, el fundador del monacato occidental, un ermitaño suizo que salvó a su país de la guerra civil. Siglos distintos, geografías opuestas, formas de vida radicalmente diferentes.
Lo que los une es lo que siempre une a los santos: haber tomado en serio la pregunta de para qué estamos aquí, y haber respondido con todo lo que tenían.
El más conocido de todos ellos es San Nicolás de Flüe, el Hermano Klaus, patrono de Suiza. Su historia es una de las más completas y humanas del santoral — no porque fuera un asceta de prodigios extraordinarios, sino porque su vida recorre casi todas las etapas que puede recorrer un hombre: la infancia campesina, la guerra, el matrimonio, la paternidad, la política, la renuncia y el silencio. Y en cada etapa fue fiel a lo que esa etapa pedía.
Soldado a los veinte años, esposo y padre a los treinta, político respetado a los cuarenta, ermitaño a los cincuenta. No es que cambiara de vida porque la anterior le hubiera salido mal — es que cada etapa fue la preparación honesta para la siguiente. La fidelidad en lo pequeño lo fue disponiendo para lo grande.
Desde su celda del valle de Ranft, donde vivió veinte años sin alimentos sólidos — sustentado, según la tradición y los testimonios de su época, solo por la Eucaristía — Nicolás se convirtió paradójicamente en el hombre más influyente de Suiza. Reyes, obispos y gobernantes hacían el camino hasta su cueva. Y en 1481, una carta suya detuvo una guerra civil que podría haber destruido la Confederación Helvética.
El 21 de marzo es también el día en que San Benito de Nursia pasó de esta vida — aunque su fiesta principal se celebra el 11 de julio. El padre del monacato occidental y el ermitaño suizo comparten fecha de muerte con siglos de distancia, como si el día de hoy estuviera marcado en el calendario de Dios como día de quienes eligieron el silencio y transformaron el mundo desde él.