"El que construye escondites para proteger a los inocentes también está construyendo la Iglesia."
El 22 de marzo reúne un conjunto de santos que, vistos juntos, trazan una historia casi completa de la Iglesia: desde los compañeros directos de los apóstoles en el siglo I hasta los mártires de la persecución inglesa en el XVII. San Epafrodito aparece ya en las cartas de Pablo — uno de los primeros laicos que arriesgó su vida por un apóstol, viajando de Filipos a Roma con la colecta de la comunidad y cayendo gravemente enfermo en el camino. San Pablo de Narbona fue uno de los siete obispos enviados a evangelizar la Galia a mediados del siglo III, plantando la semilla de una Iglesia que duraría milenios. San Basilio de Ancira resistió el arrianismo con la misma tenacidad que Cirilo de Jerusalén — y pagó el mismo precio.
Santa Lea de Roma es una figura que San Jerónimo retrató con una precisión que sigue resultando desconcertante dieciséis siglos después: una joven viuda romana de buena familia que, en lugar de volver a casarse con buen partido, eligió entrar en una comunidad de vida ascética en el Aventino. Cambió la ropa delicada por el sayo rústico y se convirtió, según Jerónimo, en maestra de muchas. La modernidad llamaría a eso una renuncia. Lea lo llamaba libertad.
El santo que preside este día en el Martirologio es San Nicolás Owen, hermano lego jesuita y carpintero, martirizado en Londres en 1606. Su historia merece atención especial. Durante décadas construyó de forma clandestina los famosos priest holes — escondites secretos dentro de las casas de familias católicas inglesas — para proteger a los sacerdotes perseguidos por la corona. Fue un maestro de su oficio: los mejores escondites que construyó no fueron descubiertos hasta siglos después, algunos todavía durante reformas en el siglo XX. Cuando fue capturado y torturado para que revelara su red y los escondites que había construido, no habló. Murió en el potro de tortura sin haber delatado a nadie.
Un carpintero que salvó vidas construyendo paredes. La misma tradición que unió a José de Nazaret con el trabajo manual une aquí a Nicolás Owen con la protección de los inocentes. No es coincidencia — es la lógica de una fe que sanctifica las manos y el oficio.