Evangelio del día

27 MARZO
V semana de Cuaresma
"Si no me creéis a mí, creed a las obras, para que comprendáis que el Padre está en mí y yo en el Padre."
JUAN 10, 38

Primera lectura – Jeremías 20, 10-13

Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».

Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».

Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.

Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!

Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Salmo de hoy – Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 R/.

En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio del día – Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».

Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».

Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».

Y muchos creyeron en él allí.

Reflexión del evangelio del 27 de marzo

Jesús ofrece en este pasaje algo que la modernidad debería encontrar irresistible y que sin embargo encuentra incómodo: evidencia. «Creed a las obras.» No os pido un salto al vacío. Mirad lo que hay.

El problema no es la falta de evidencias — es que las evidencias apuntan a una conclusión que los interlocutores no están dispuestos a aceptar porque cambiaría demasiado. El argumento de Jesús es sólido, su respuesta al salmo 82 es intelectualmente honesta, sus obras son verificables por todos. Y aun así, piedras.

Hay una forma de cerrazón que no es ignorancia sino resistencia. No es que no vean — es que no quieren ver porque lo que verían les obligaría a cambiar. La tradición llama a eso endurecimiento del corazón. La psicología moderna lo llama sesgo de confirmación. En cualquier caso, el resultado es el mismo: las evidencias no llegan porque el sistema de recepción está bloqueado de antemano.

El antídoto no es más argumento sino menos interés propio en el resultado. Los que creyeron al otro lado del Jordán no tenían nada que perder — no eran los guardianes del sistema religioso, no estaban jugando su posición social ni su autoridad. Simplemente escucharon lo que Juan había dicho sobre Jesús y lo compararon con lo que veían. Y creyeron.

¿Qué nos enseña el evangelio del 27 de marzo?

Las obras como criterio. Jesús no pide fe sin razón. Ofrece sus obras como criterio de verificación. En la vida cristiana esto tiene una consecuencia directa: la fe que no produce obras verificables es sospechosa de ser solo idea. Y al revés — las obras que no nacen de la fe se agotan. Las dos cosas juntas son el criterio de la autenticidad.

La periferia como lugar de la fe. En Jerusalén, piedras. Al otro lado del Jordán, fe. No es que la periferia sea automáticamente más virtuosa — es que a veces quien está fuera del sistema tiene los ojos más libres para ver lo que el sistema bloquea. Hay una lección de humildad para cualquier institución en ese contraste: los que más cerca están del poder son a veces los que menos ven.

Entregar la causa. Jeremías en la primera lectura y Jesús en el evangelio hacen lo mismo: no se defienden con violencia ante quienes los persiguen, sino que entregan su causa a quien juzga rectamente. Hay situaciones en las que la única respuesta posible no es el argumento sino la confianza en que la verdad no necesita ser protegida — solo dicha.

Oración

Señor, que ofreciste tus obras como evidencia a los que no querían ver, y que encontraste fe donde nadie la esperaba, danos ojos limpios para ver lo que hay sin el filtro de lo que queremos que haya.

Y cuando nos persigan por lo que creemos, enséñanos a entregar la causa como Jeremías la entregó: con alabanza.

Amén.