Evangelio del día

14 ABRIL
Martes de la II Semana de Pascua · Tiempo de Pascua
"Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre"
JUAN 3, 14

Hechos de los apóstoles 4, 32-37

El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.

Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado. Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba.

José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa hijo de la consolación, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.

Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5 R/.

El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R/.

Evangelio del día – Juan 3, 7b-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

Nicodemo le preguntó:
«¿Cómo puede suceder eso?».

Le contestó Jesús:
«¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

Reflexión del evangelio del 14 de abril

El texto de hoy pone en evidencia una de las tensiones más persistentes entre el evangelio y la sensibilidad moderna: la relación entre el conocimiento y la fe. Nicodemo sabe mucho, y ese saber no le basta. Jesús no le pide que abandone su formación ni que deje de pensar: le pide que dé un paso que su saber solo no puede dar, que reciba un testimonio que viene de más arriba que sus categorías.

La modernidad ilustrada ha construido una epistemología en la que el conocimiento válido es el que el sujeto puede verificar o producir desde sus propias capacidades. Desde esa perspectiva, la afirmación de Jesús, que nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, resulta inverificable y por tanto irrelevante. Pero la tradición católica ha sostenido siempre que hay una forma de conocimiento que viene de la revelación, que no contradice la razón pero la trasciende, y que requiere la disposición de quien la recibe. El problema de Nicodemo no es intelectual: es de apertura. La fe no es credulidad sino acogida de un testimonio que viene de donde la razón sola no llega.

La imagen de la serpiente elevada merece también una mirada detenida. La salvación que Jesús anuncia pasa por algo que escandaliza: la cruz. La mentalidad contemporánea valora el éxito, la visibilidad, la influencia. Una religión organizada alrededor de un crucificado resulta, en esa lógica, estructuralmente derrotada. Y sin embargo es exactamente eso lo que Jesús pone en el centro: no a pesar de la cruz sino a través de ella. La elevación que salva es la que parece una humillación. Eso no es una paradoja decorativa: es el núcleo del mensaje cristiano, y el tiempo de Pascua lo ilumina precisamente porque viene de la otra orilla de la cruz.

¿Qué nos enseña el evangelio del 14 de abril?

Saber mucho sobre Dios no es lo mismo que conocer a Dios. Nicodemo es el mejor alumno de la clase, y es el que más le cuesta dar el paso. El conocimiento religioso acumulado puede ser un camino hacia la fe o una protección contra ella, según la disposición del que lo tiene. La pregunta que este texto plantea en la vida práctica es si nuestra formación cristiana nos abre o nos cierra: si las respuestas que ya tenemos nos permiten seguir recibiendo, o si han llegado a funcionar como un muro frente a lo que todavía no entendemos.

El testimonio de Cristo viene de donde él mismo viene. Jesús no habla de las cosas celestiales por haberlas estudiado: habla de ellas porque viene de allí. Eso tiene consecuencias para la manera de escuchar el evangelio. No es la opinión de un maestro sabio ni la especulación de un filósofo religioso: es el testimonio de quien ha bajado del cielo. Recibirlo con esa conciencia, no solo como texto antiguo sino como palabra que viene de más arriba que cualquier texto, cambia la calidad de la escucha.

La salvación pasa por mirar al crucificado. La serpiente elevada salva a quien la mira. Cristo elevado en la cruz da vida eterna a quien cree en él. La devoción a la cruz, que la tradición católica ha cultivado en tantas formas, no es masoquismo espiritual ni nostalgia del sufrimiento: es la consecuencia de tomar en serio lo que Jesús dice a Nicodemo en este texto. Volver la mirada hacia el crucificado, especialmente en los momentos en que la propia vida parece una derrota, es una práctica concreta que este texto fundamenta y propone.

Oración

Señor, que has bajado de donde nadie sube, que sabes de las cosas celestiales porque vienes de allí: danos oídos para recibir tu testimonio cuando nuestro saber se cierra sobre sí mismo, cuando creemos que ya lo entendemos todo y todavía estamos en la oscuridad como Nicodemo. Enséñanos a mirar hacia el elevado, hacia el que parece derrota y es gloria, hacia la cruz donde la vida se esconde para quien tiene ojos de fe. Amén.