Evangelio del día

21 MARZO
IV semana de Cuaresma
"Jamás ha hablado nadie como ese hombre."
JUAN 7, 46

Jeremías 11, 18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas.

Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí:
«Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre».

Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.

Salmo 7, 2-3. 9bc-10. 11-12 R/.

Señor, Dios mío, a ti me acojo

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame;
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R/.

Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo. R/.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio del 21 de marzo

San Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».

Otros decían:
«Este es el Mesías».

Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».

Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».

Los guardias respondieron:
«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».

Los fariseos les replicaron:
«También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».

Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».

Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».

Y se volvieron cada uno a su casa.

Reflexión del evangelio del 21 de marzo

El problema de los fariseos no es intelectual sino moral. No han investigado y llegado a la conclusión de que Jesús no es el Mesías. Han decidido que no puede serlo y buscan argumentos que lo confirmen. Es lo contrario del pensamiento honesto.

El argumento de Galilea es representativo: usan la Escritura para cerrar la puerta en lugar de abrirla. Saben que el Mesías debe venir de Belén — dato correcto — pero no se molestan en investigar si Jesús nació allí. La conclusión ya estaba tomada antes de examinar los hechos.

Esta es una tentación permanente del ser humano: usar el conocimiento no para buscar la verdad sino para proteger la posición que ya ocupa. Los fariseos tienen mucho que perder si Jesús es quien dice ser — autoridad, prestigio, poder. Y eso colorea todo lo que ven.

Los guardias, en cambio, no tienen nada que defender. Van con la misión de arrestar a alguien y vuelven sin haberlo hecho, incapaces de explicar del todo por qué. Esa honestidad desarmada — «jamás ha hablado nadie como ese hombre» — es más cercana a la fe que toda la erudición de los que lo rechazan.

¿Qué nos enseña el evangelio del 21 de marzo?

El prejuicio cierra lo que la apertura abre. Los fariseos no pueden ver porque no quieren ver. Antes de escuchar ya han juzgado. En la vida diaria hacemos lo mismo constantemente: llegamos a conversaciones, situaciones y personas con la conclusión puesta y buscamos confirmarla. El evangelio de hoy invita a hacer lo contrario — escuchar primero, juzgar después, como pedía Nicodemo.

El coraje de dar un paso pequeño. Nicodemo no proclama su fe. Pide simplemente que se respete el proceso justo. Es un gesto mínimo en apariencia, pero le cuesta el ridículo público. A veces la virtud no pide gestos heroicos sino ese paso pequeño que nos expone un poco cuando sería más cómodo callarse. Cada vez que señalamos lo que es injusto en un entorno que no quiere oírlo, estamos haciendo lo que hizo Nicodemo.

La verdad tiene una voz que el corazón reconoce. Los guardias no pueden explicar por qué no arrestaron a Jesús. Solo saben que algo en su forma de hablar era diferente a todo lo que habían oído. La fe no siempre llega por razonamiento — a veces llega por ese reconocimiento interior que precede al argumento. Vale la pena cultivar el silencio interior suficiente para escuchar esa voz cuando habla.

Oración del Evangelio

Señor, líbranos del ojo que ya sabe antes de mirar. Danos el paso pequeño de Nicodemo, el que expone sin proclamar.

Enséñanos a escuchar tu voz primero y a juzgar después. Y como Jeremías, que nuestra causa descanse solo en ti.

Amén.