Tiempo de Pascua
14 ABRIL

Santoral Católico del 14 de Abril

"Quien busca la gloria propia no ha entendido aún el Evangelio.""

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Santo del día San Telmo ›

El santoral católico del 14 de abril reúne un canonigo que cayó al barro y encontró el Evangelio, una enferma que pasó décadas postrada transformando el dolor en oración, tres mujeres que encontraron la muerte huyendo de la violencia, un pastor adolescente que construyó un puente, y una religiosa española que murió por serlo. Lo que estas vidas tienen en común no es el temperamento ni la época ni la forma de santidad. Es algo más difícil de señalar: en cada una de ellas, el momento decisivo llegó desde fuera, impuesto por las circunstancias, y cada una respondió desde lo más hondo de lo que era. El calendario cristiano lleva siglos registrando esas respuestas porque sabe que son las que definen a una persona más que cualquier proyecto previo.

San Telmo

Pedro González nació hacia 1190 en Frómista, en el reino de Castilla, en una familia de posición acomodada con conexiones eclesiásticas importantes. Su tío era obispo de Palencia, y eso facilitó que Pedro accediera a una canonicía catedralicia cuando todavía era joven, más por influencia familiar que por vocación consolidada. El Martirologio anota con precisión que antes había deseado la gloria, y las fuentes antiguas confirman que no era una inclinación discreta: Pedro González era ambicioso, consciente de su posición, y la canonicía era solo el primer peldaño de lo que esperaba que fuera una carrera ascendente.

La tradición recoge que su conversión llegó a través de un episodio de humillación pública. El día de su toma de posesión como canónigo, mientras desfilaba a caballo con la pompa que consideraba apropiada a la ocasión, el animal resbaló y lo arrojó al barro ante la multitud que se había congregado para verlo. Las burlas fueron inmediatas. Pedro González se levantó, y algo en ese momento cambió de sitio dentro de él.

La historia tiene la estructura de una conversión clásica, y es posible que la tradición haya pulido los contornos. Lo que es indudable es el giro que siguió: ingresó en la Orden de Predicadores, se formó como dominico y comenzó una vida radicalmente distinta de la que había planeado. Se convirtió en predicador itinerante, se integró en la corte de Fernando III de Castilla como capellán real y acompañó al rey en las campañas de la Reconquista, pero lo que lo definió no fue la proximidad al poder sino lo que hizo en los márgenes de ese poder: la atención a los más pobres, y en especial a los marineros y pescadores de las rías gallegas.

Murió en Tuy en 1246 y fue enterrado en la catedral de esa ciudad, donde su tumba se convirtió en lugar de peregrinación. Los marineros del Cantábrico y del Atlántico lo adoptaron como patrón con el nombre popular de Telmo, que es corrupción de Erasmo, otro patrón de navegantes con quien se lo fue confundiendo en la devoción popular. El fuego de San Telmo, el fenómeno eléctrico que aparece en los mástiles de los barcos durante las tormentas, lleva su nombre desde la Edad Media.

Lo que hace a Pedro González relevante más allá de la devoción marinera es la trayectoria: un hombre que quería ascender, que cayó literalmente al suelo, y que a partir de ese momento orientó toda su energía hacia los que nadie quería ascender. La conversión no fue solo de conducta sino de dirección.

Lidvina de Schiedam: una vida entera de enfermedad ofrecida por otros

Santa Lidvina nació en Schiedam, en los Países Bajos, en 1380. A los quince años sufrió una caída patinando sobre el hielo que le fracturó varias costillas y desencadenó una serie de enfermedades que se fueron acumulando durante el resto de su vida: gangrena, ceguera parcial, parálisis progresiva. Murió en 1433 sin haber salido de su casa durante décadas.

La hagiografía medieval registra en su caso fenómenos que la tradición clasifica como místicos: éxtasis, bilocación, el don de no alimentarse de otra cosa que la Eucaristía durante largos períodos. La Iglesia los recoge con la cautela habitual. Lo que resulta más accesible y más verificable es la estructura espiritual de su vida: Lidvina interpretó su sufrimiento no como castigo sino como participación en el de Cristo, y lo ofreció explícitamente por la conversión de los pecadores y la liberación de las almas del purgatorio, según la teología de intercesión que su época articulaba con precisión.

Lo que incomoda a la sensibilidad moderna en figuras como Lidvina no es la fe sino la relación con el dolor. Una cultura que entiende el sufrimiento exclusivamente como algo que hay que eliminar tiene dificultades para comprender a alguien que lo integra como material espiritual. La tradición cristiana no glorifica el dolor por sí mismo, pero conoce bien la experiencia de quien, sin poder evitarlo, lo transforma en otra cosa. Lidvina es uno de los ejemplos más radicales de esa transformación.

Fue beatificada en 1890 y es patrona de los patinadores, lo que tiene su lógica: fue precisamente patinando como empezó todo.

Bernice, Prosdoca y Domnina: tres mujeres que eligieron el río

El 14 de abril recuerda a tres mártires del siglo IV cuya historia el Martirologio cuenta con una sobriedad que no oculta lo que hay detrás. Bernice y Prosdoca eran dos vírgenes; Domnina, su madre. Durante la persecución, al verse perseguidas por hombres que querían atentar contra su pureza, las tres buscaron refugio en la fuga y encontraron finalmente el martirio al ser arrojadas a un río.

La frase del Martirologio, buscando remedio en la fuga, hallaron finalmente el martirio, tiene una precisión cruel: no murieron por confesar la fe ante un tribunal sino por huir de una violencia que el poder perseguidor amparaba. Son mártires de una circunstancia en la que la violencia sexual era instrumento de la persecución religiosa, algo que la historia de las persecuciones antiguas documentó con más frecuencia de lo que los relatos hagiográficos suelen subrayar.

Su nombre y su historia merecen ser recordados sin eufemismos porque representan a todas aquellas mujeres cuyo martirio tuvo esa forma específica y que la tradición ha tendido a narrar con mayor pudor del que la verdad requiere.

San Benito de Aviñón: el pastor que construyó un puente

Entre los santos menores de este día hay una figura que la tradición local ha conservado con cariño y que el Martirologio describe con una sencillez casi desconcertante. Benito de Aviñón era un adolescente pastor cuando, según la tradición, tuvo una visión que lo llevó a trasladarse a Aviñón y a convencer a las autoridades de la ciudad para construir un puente sobre el Ródano.

El puente de Aviñón, del que hoy quedan solo cuatro arcos, fue durante siglos uno de los pasos más importantes del sur de Francia. La tradición atribuye su construcción a este joven pastor que no tenía ni los recursos ni la posición para emprenderla, y que la llevó adelante con una persistencia que sus contemporáneos interpretaron como señal de origen sobrenatural. Murió en 1184, cuando el puente aún no estaba terminado.

La figura del santo constructor, del que hace posible el tránsito y la comunicación entre orillas, tiene una resonancia simbólica que no necesita ser forzada. Benito de Aviñón es el patrón de los constructores de puentes, y su historia recuerda que los grandes proyectos al servicio del bien común han tenido con frecuencia origen en personas que el mundo no habría elegido para realizarlos.

Isabel Calduch: una clarisa capuchina en la guerra del 36

La beata Isabel Calduch Rovira cierra el santoral de este 14 de abril desde la guerra civil española. Clarisa capuchina, murió en 1936 en Cuevas de Vinromá, en la provincia de Castellón, durante la persecución religiosa que en los primeros meses del conflicto costó la vida a miles de sacerdotes, religiosos y laicos católicos en la zona republicana.

El Martirologio anota simplemente que murió por Cristo en tiempo de persecución contra la fe. No hay detalles sobre las circunstancias exactas, como ocurre con muchos de los mártires españoles del 36 cuya documentación fue destruida o nunca existió de manera sistemática. Lo que se sabe es que era religiosa, que no renunció a serlo cuando eso se convirtió en motivo de muerte, y que la Iglesia ha reconocido ese hecho como martirio.

Su figura se suma a la larga lista de mártires españoles de aquel período que el Martirologio fue incorporando en las últimas décadas, y que constituyen uno de los capítulos más densos y menos conocidos de la historia del catolicismo contemporáneo.

Todos los santos del 14 de Abril

  • Santos Tiburcio
  • Valeriano y Máximo
  • Santas Bernice
  • Prosdoca y Domnina
  • San Frontón de Nitria
  • San Asaco de Elphin
  • Santa Tomáide
  • San Lamberto de Lyon
  • San Juan de Montemarano
  • San Bernardo de Tiron
  • San Benito de Aviñón
  • Beato Pedro González San Telmo
  • Santa Lidvina de Schiedam
  • Beata Isabel Calduch Rovira