Tiempo de Pascua
10 ABRIL

Santoral Católico del 10 de Abril

"No basta con amar a los pobres: hay que ir a ellos."

El santoral católico del 10 de abril yuxtapone sin artificios la aristocracia y la pobreza, la apostasía y el martirio, la construcción de catedrales y la destrucción de cuerpos en campos de concentración. Lo que el calendario cristiano propone al reunir estas vidas no es una lección de moral sino una imagen de la amplitud real de la santidad: no hay un tipo único, no hay un itinerario obligatorio, no hay una clase social ni una época ni un temperamento que la defina. Lo que sí hay, en todos estos hombres y mujeres, es un momento en que eligieron algo más grande que su propia seguridad. Ese momento es el que el Martirologio registra, y el que este día, leído con atención, devuelve.

Santa Magdalena de Canossa

Magdalena de Canossa nació en Verona en 1774, en una de las familias más ilustres del norte de Italia. Quedó huérfana de padre a los cinco años y su madre abandonó el hogar poco después, dejando a los hijos al cuidado de un tío. La infancia no fue feliz, pero el patrimonio era inmenso y el futuro social estaba garantizado. Napoleón visitó el palacio Canossa durante la campaña italiana y la familia ocupaba ese espacio donde la aristocracia y el poder político se rozaban con naturalidad.

Magdalena rechazó varios matrimonios ventajosos y consideró durante años la vida religiosa en distintas formas, sin encontrar la que le correspondía. Lo que la fue definiendo no fue una iluminación repentina sino una atracción persistente hacia los barrios pobres de Verona, hacia los niños sin instrucción, hacia las mujeres que malvivían en los márgenes de una ciudad que la guerra napoleónica había desorganizado profundamente. Comenzó a visitar el hospital, a organizar catequesis, a buscar mujeres dispuestas a acompañarla.

En 1808 dio el paso que sus contemporáneos consideraron escandaloso: se instaló en un barrio pobre de Verona, dejando el palacio familiar. No ingresó en un convento establecido sino que comenzó a construir algo nuevo desde cero, con la resistencia habitual de quienes no entienden por qué alguien con recursos elige voluntariamente la incomodidad. Fundó el Instituto de las Hijas de la Caridad, dedicado a la educación y atención de los pobres, y años después el de los Hijos de la Caridad, para los hombres. Murió en 1855, habiendo extendido sus obras a Milán, Bérgamo, Trento y Roma.

Lo que distingue a Magdalena de Canossa de otras fundadoras de su época no es solo la escala de lo que construyó sino la radicalidad del punto de partida: no distribuyó su patrimonio desde la distancia ni organizó obras de caridad desde una posición cómoda. Fue. Esa diferencia entre administrar la caridad y practicarla con el cuerpo presente es la que el Evangelio señala y que cada época tiende a olvidar de nuevo.

Antonio Neyrot: el apóstata que volvió un Jueves Santo

Entre los beatos del 10 de abril hay una figura que no encaja bien en el molde hagiográfico habitual y que, por eso mismo, merece atención. Antonio Neyrot era dominico, ordenado sacerdote, cuando fue capturado por piratas en el Mediterráneo y conducido a Túnez. Allí apostató del cristianismo y adoptó el islam. El Martirologio lo dice sin eufemismos: apostató de la fe.

Lo que ocurrió después es lo que hace su historia singular. En 1460, un Jueves Santo, durante la celebración de la Cena del Señor, Neyrot apareció en público vestido con el hábito dominico que había abandonado. Hizo una confesión pública de fe cristiana delante de las autoridades musulmanas de Túnez, sabiendo perfectamente lo que eso significaba. Fue apedreado.

El Martirologio atribuye el giro a la gracia divina, y no hay razón para descartarlo. Pero lo que el relato muestra, más allá de la teología, es la figura de un hombre que había cedido, que había vivido durante un tiempo en la apostasía, y que en un momento dado encontró o recuperó algo que lo llevó a un acto de valentía que su trayectoria previa no hacía previsible. La tradición cristiana no exige un pasado impecable para el martirio. Neyrot es prueba de ello.

Su historia incomoda a quienes prefieren los santos sin fisuras. Y quizás por eso es más útil que muchos.

Fulberto de Chartres: el obispo que construyó una catedral para la Virgen

San Fulberto, obispo de Chartres desde 1006 hasta su muerte en 1028, es una figura que los historiadores medievales conocen bien y que el santoral popular ha tratado con menos atención de la que merece. Discípulo de Gerberto de Aurillac, el futuro papa Silvestre II, Fulberto convirtió la escuela catedralicia de Chartres en uno de los centros intelectuales más importantes de su época. Enseñó teología, medicina, matemáticas y música, y formó a una generación de obispos y abades que llevaron su influencia por toda Francia.

En 1020 un incendio destruyó la catedral carolingia. Fulberto comenzó de inmediato la construcción de una nueva, más grande, concebida como homenaje a la Virgen María, a quien Chartres tenía una devoción antigua y arraigada. No vivió para verla terminada, pero el impulso que dio a la obra y la devoción mariana que promovió sistemáticamente desde su sede dejaron una marca que se prolongaría hasta la catedral gótica del siglo XII, una de las más admiradas de Europa.

Sus cartas, que se conservan, muestran a un hombre de gobierno pragmático y a un teólogo riguroso. La devoción a María que cultivó no era sentimental sino doctrinal: la entendía como consecuencia directa de la fe en la Encarnación. En eso, como en tantas otras cosas, fue más moderno que muchos de sus sucesores.

Miguel de los Santos y los mártires del siglo XX: dos extremos del mismo día

San Miguel de los Santos, trinitario catalán nacido en Vic en 1591, murió en Valladolid en 1625 con treinta y tres años. Su vida fue breve y su fama en vida era la de un religioso de oración intensa y caridad sin límites. El Martirologio lo describe entregado a obras de caridad y a la predicación, y eso es en lo esencial lo que fue. No hay en su historia el dramatismo de los mártires ni la escala de los grandes fundadores. Es el santo de la entrega silenciosa y sostenida, que en cada generación resulta más difícil de imitar que el heroísmo puntual.

En el otro extremo cronológico del día, el beato Bonifacio Zukowski cierra el santoral de este 10 de abril desde el campo de concentración de Dachau. Sacerdote franciscano polaco, fue detenido durante la ocupación alemana de Polonia y enviado al campo, donde murió en 1942 como consecuencia de las torturas. El Martirologio dice que fue quebrantado por las torturas, expresión que no oculta nada. Dachau fue el campo donde más sacerdotes polacos fueron internados y asesinados de forma sistemática. Zukowski es uno de los muchos cuya memoria la Iglesia ha recuperado con dificultad y con justicia

Todos los santos del 10 de Abril

  • Santos Terencio Africano Máximo Pompeyo Alejandro Teodoro y cuarenta compañeros mártires
  • San Apolonio
  • San Paladio
  • San Beda el Joven
  • San Macario de Gante
  • San Fulberto de Chartres
  • Beato Antonio Neyrot
  • Beato Marcos de Bolonia Fantuzzi
  • San Miguel de los Santos
  • Santa Magdalena de Canossa
  • Beato Bonifacio Zukowski