Tiempo de Pascua
22 ABRIL

Santoral Católico del 22 de Abril

"La caridad de la Iglesia de Roma ha sido siempre su mejor argumento."

Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
Lun 27 ABR
Mar 28 ABR
Mié 29 ABR
Jue 30 ABR
Vie 1 MAY
Sáb 2 MAY
Dom 3 MAY
Lun 4 MAY
Mar 5 MAY
Mié 6 MAY
Jue 7 MAY
Vie 8 MAY
Sáb 9 MAY
Dom 10 MAY
Santo del día San Sotero Papa ›

El santoral del 22 de abril reúne un papa elogiado por su caridad, el padre de Orígenes ejecutado cuando su hijo era niño, un papa que fue a Constantinopla a hacer lo imposible y lo hizo a medias, dos amigos que el martirio no pudo separar, y un obispo que pidió volver a ser eremita. Lo que estas vidas tienen en común es más difícil de nombrar que en otros días del Martirologio: no hay entre ellas un tema dominante sino una variedad que el calendario cristiano acumula sin forzar la coherencia. Quizás eso es ya una forma de decir algo: que la Iglesia es más amplia que cualquier tipo único de santidad, y que el Martirologio lo sabe mejor que muchos de los que lo leen.

San Sotero Papa

San Sotero fue papa en Roma hacia el año 166, en el período que siguió al pontificado de Aniceto, recordado dos días antes. De su gobierno sabemos relativamente poco, pero lo que sabemos viene de una fuente de primer orden: Dionisio de Corinto, uno de los obispos más respetados del siglo II, le escribió una carta que Eusebio de Cesarea conservó en su historia eclesiástica.

Lo que Dionisio alaba de Sotero no es una decisión doctrinal ni una intervención conciliar sino algo más concreto y más difícil de sostener a lo largo del tiempo: la caridad sistemática de la Iglesia de Roma hacia los hermanos de otras comunidades. Sotero enviaba regularmente recursos a las iglesias más pobres de otras ciudades, rescataba a los condenados a trabajos forzados en las minas, acogía a los necesitados que llegaban a Roma desde lejos. Dionisio describe esa práctica como la costumbre heredada de los romanos desde antiguo, lo que sugiere que Sotero no la inventó sino que la mantuvo y la intensificó.

La carta de Dionisio a Sotero es uno de los documentos más tempranos sobre la función que Roma ejercía en la Iglesia primitiva, y lo significativo es que esa función se describe en términos de caridad material antes que de autoridad doctrinal. Roma era el centro de una red de ayuda mutua que los obispos de otras ciudades reconocían y agradecían. Que ese sea el rasgo definitorio que la tradición ha conservado de Sotero dice algo sobre lo que la Iglesia primitiva consideraba prioritario en sus líderes.

Murió hacia el año 175, probablemente durante alguna de las persecuciones locales del período, aunque el Martirologio no lo inscribe con el título explícito de mártir. Su nombre en griego significa salvador, lo que los hagiógrafos medievales explotaron con entusiasmo y que la historia prefiere dejar como dato sin sobreinterpretar.

Leónidas de Alejandría: el mártir que dejó huérfano a Orígenes

San Leónidas murió en Alejandría en el año 204, durante la persecución de Septimio Severo, ejecutado a espada por su fe en Cristo. El Martirologio registra un detalle que convierte su entrada en algo más que la de un mártir entre muchos: dejó a su hijo Orígenes aún niño.

Orígenes se convertiría en el teólogo más importante y más controvertido de los primeros siglos del cristianismo: su obra es inmensa, su influencia sobre la teología posterior incalculable, y su condena póstuma por el Concilio de Constantinopla de 553 es uno de los episodios más complejos de la historia de la ortodoxia. Pero antes de todo eso era el hijo de un mártir que, según la tradición, quiso seguir a su padre al martirio cuando era adolescente y fue detenido por su madre, que escondió su ropa para que no pudiera salir de casa.

El dato de que Leónidas dejara a Orígenes niño no es solo biográfico. Orígenes describió años después la influencia de su padre sobre su formación, la manera en que Leónidas le había enseñado las Escrituras desde pequeño, la veneración con que el niño besaba el pecho de su padre mientras él dormía, convencido de que ese cuerpo era templo del Espíritu Santo. El martirio de Leónidas formó a Orígenes de una manera que ningún maestro posterior pudo igualar. La teología que vendría después tiene en ese padre ejecutado uno de sus puntos de origen.

Agapito I: el papa que fue a Constantinopla a hacer lo imposible y lo hizo

San Agapito I fue elegido papa en 535 en una de las situaciones más difíciles de la historia del papado tardoantiguo: Italia estaba bajo el dominio del rey ostrogodo Teodato, el Imperio de Justiniano presionaba desde Oriente, y la Iglesia de Constantinopla estaba dominada por el patriarca Antimo, favorable al monofisismo, la herejía que negaba la plena humanidad de Cristo.

Teodato envió a Agapito a Constantinopla en 536 con una misión diplomática: convencer a Justiniano de que no invadiera Italia. Agapito no logró ese objetivo. Lo que sí logró fue algo que nadie esperaba: en su encuentro con Justiniano, defendió la fe ortodoxa con una claridad que impresionó al emperador y convenció a la emperatriz Teodora, que hasta ese momento había apoyado a Antimo. Consiguió que Antimo fuera depuesto y que Menas, un defensor de la ortodoxia nicena, fuera ordenado en su lugar.

Murió en Constantinopla en 536, antes de poder regresar a Roma, agotado por la tensión del viaje y de las negociaciones. El Martirologio dice que confesó la fe ortodoxa ante Justiniano, expresión que en el contexto del siglo VI tiene un peso preciso: confesar la fe ortodoxa ante el poder imperial que tenía sus propias razones políticas para preferir fórmulas de compromiso era un acto que requería independencia de criterio y disposición a perder la batalla diplomática si era necesario para ganar la teológica. Agapito perdió la primera y ganó la segunda.

Epipodio y Alejandro: la amistad que el martirio no separó

San Epipodio y san Alejandro eran dos jóvenes de Lyon que fueron arrestados juntos en el año 178, durante la misma persecución que había costado la vida a los mártires de Lyon del año 177, entre ellos Potino y Blandina. Alejandro era griego, Epipodio galo, y la tradición los presenta como amigos desde la infancia que habían sobrevivido a la primera oleada de la persecución ocultándose y que fueron finalmente detectados y detenidos.

Fueron interrogados por separado para intentar que uno declarara contra el otro o cediera para salvar al compañero. Ninguno cedió. Epipodio fue decapitado primero, después de que otros cuarenta y ocho mártires hubieran muerto antes que él. Alejandro murió crucificado días después. El Martirologio conserva la secuencia porque es significativa: Alejandro supo lo que le esperaba antes de que le llegara el turno, y no cambió su respuesta.

La figura de los dos amigos mártires tiene una resonancia que la tradición cristiana ha reconocido desde antiguo: la amistad como espacio en que la fe se sostiene mutuamente, y la fidelidad al amigo como forma de fidelidad a lo que ambos comparten. Que la persecución los separara físicamente para interrogarlos y que esa separación no produjera el resultado que buscaba dice algo sobre la solidez de lo que los unía.

Teodoro de Siceone: el obispo que quería volver a ser eremita

San Teodoro nació en la aldea de Siceone, en Galacia, en el siglo VI, y desde niño mostró una inclinación a la vida solitaria que sus biógrafos describen con detalle. Se formó como monje, fundó un monasterio en su región y fue conocido por una austeridad que sus contemporáneos consideraban extrema incluso para los estándares de la época. Cuando el patriarca de Constantinopla lo ordenó obispo de Anastasiópolis, Teodoro aceptó, ejerció el cargo durante unos años y luego solicitó insistentemente ser dispensado para volver a la vida eremítica.

La solicitud fue concedida. Teodoro regresó a su monasterio y murió allí en 613. El Martirologio registra este arco sin juzgarlo: hay en él un hombre que fue obispo porque la Iglesia lo necesitaba y que fue eremita porque era lo que correspondía a su naturaleza. La tradición cristiana conoce bien este tipo de tensión entre la llamada al servicio y la llamada a la soledad, y no siempre la resuelve en favor de la primera.

Todos los santos del 22 de Abril

  • San Sotero papa
  • San Epipodio y San Alejandro mártires de Lyon
  • San Leónidas de Alejandría
  • San Cayo papa
  • San Maryahb mártir de Persia
  • San Agapito I papa
  • San León de Sens
  • San Teodoro de Siceone
  • Santa Oportuna abadesa
  • Santa Senorina abadesa
  • Beato Francisco Venimbeni